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Fundador: Juan De Castro

RECORDANDO ESA CERCANA SANTIDAD

Mire por unos momentos esta foto.
Observe que existe un triángulo virtuoso… tres grandes pastores que han partido.
Analice sus rostros, las motivaciones que tendrían para estar allí.
(Recordar, del latín “re-cordare” significa volver a poner en el corazón).
Detenga la lectura, vea quienes están en ella. ¿Qué recuerdos tiene de ellos?

TRES TESTIGOS DE JESUCRISTO

Es grato “volver a poner en el corazón” aquellos recuerdos que no sólo nos sirven para actualizar el pasado, sino para proyectarlos y buscar encarnarlos en la vida cotidiana.

Si usted se pudo fijar en la foto, hay laicos y consagrados que se jugaron por humanizar la tierra, desde una cercana santidad. Le invitamos a recordar a Juan, Enrique y Miguel.

Enrique Alvear (1916-1982). Ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1941 por el Cardenal José María Caro. Fue Obispo Auxiliar de Talca,  de San Felipe, posteriormente Obispo Auxiliar y Vicario de la Zona Oeste de Santiago. Fue conocido como el Obispo de los Pobres y se destacó por la defensa de los Derechos Humanos.


Sus palabras aún resuenan:
“De cada tres hombres que hay en el mundo, dos se duermen con hambre. El hambre, la miseria, el abandono de los pobres; he ahí el gran pecado de la humanidad de hoy. Es un pecado que clama al cielo. Son los abandonados de los hombres: pero son los predilectos de Dios. A ellos, a los pobres, El les prometió su gracia. A ellos les dijo que serán felices. Y Cristo fue enviado especialmente para ellos. Para evangelizarlos. Para comunicarles la Buena Noticia: el Padre los quiere. Los prefiere” (Enrique Alvear, Homilía de su Consagración Episcopal, 21 de abril de 1963).

En Abril de 1982 cae en cama para no levantarse más y dirige un mensaje a la Zona Oeste: 

“Yo estoy sufriendo pero en la zona otros sufren más que yo (...) Asumo la misma condición de Cristo paciente, entregando su vida al Padre bajo el impulso del Espíritu Santo por la salvación y liberación evangélica de sus hermanos”.

Miguel Ortega Riquelme (1941-2005) ordenado sacerdote el 26 de abril de 1969. Fue párroco de la parroquia San Joaquín, Vicario de Pastoral Juvenil, Rector de los colegios Seminario Menor, Luis Campino y Notre Dame. Vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción, de Vitacura; y rector del Santuario del Cerro San Cristóbal.

realizar una importante labor en el ámbito de la educación y de la pastoral juvenil, fue un destacado autor de libros de espiritualidad. Su testimonio esencial fue hacer de la lectura un medio evangelizador

Sus palabras aún resuenan: “Me gustaría que cuando venga yo pudiera confiar y estar tranquilo. Quisiera haber hecho todo lo posible, haber amado lo suficiente, haberme entregado en mi trabajo y haber servido con amor a mucha gente.

No quiero irme de este mundo con la percepción de no haber vivido a concho, de no habérmelas jugado en lo que hice, de no haber mejorado suficientemente (o no haber ayudado a mejorar) la triste situación de este mundo.

Viviré con la conciencia limpia esperando en “cualquier lugar” y a “cualquier hora” que la muerte quiera visitarme” (Miguel Ortega).

 

Padre Juan de Castro Reyes (29 de julio de 1933 - 16 junio 2007). 

Ordenado sacerdote el 27 de mayo de 1961.

Trabajó cuarenta años al servicio de la Iglesia de Santiago: Decano en la Universidad Católica, Vicarío de la Solidaridad, Vicario de las Zonas Las Condes, Norte y Oriente, Vicario General, Rector del Seminario Pontificio, finalmente Vicario para la Educación, cargo que ejerció hasta diciembre de 2001, para ingresar luego a la Orden de los Padres Dominicos.

En www.iglesia.cl, se publicó hace tres años, Juan de Castro dijo:  "Lo que viene en mi vida es algo muy hermoso" .  “Dice estar muy feliz, porque empieza una vida llena de esperanzas y se va con alegría, agradecido por todo lo vivido, sin penas ni frustraciones, porque «Dios no se limita a mostrarnos su querer, a través del Espíritu, sino que los llamados los hace con afecto, para que nos gusten».

«En cada uno de los lugares en que estuve, gocé mucho mi trabajo formando comunidades cristianas y evangelizando», indica.

Su aporte a la pastoral

Siempre preocupado por los cambios culturales y la forma cómo la Iglesia se inserta en ellos”.

En este mismo artículo se le pregunta: Con su experiencia pastoral, ¿Cuál es -a su juicio- el gran desafío de la Iglesia en el momento actual?



“Buscar la forma de llegar con el Evangelio a la vida de la gente, de tal forma que no prediquemos teorías, sino que entremos con el ofrecimiento del Evangelio en una perspectiva en que la gente lo pueda entender. Que sientan que el Evangelio les puede transformar la vida” Más tarde publicaría un libro sobre esto: “Para mejorar la vida”.

¿No tiene este texto algo de premonitorio? ¿No suena como si hoy nos dijera estas palabras?

TESTIGOS DE UNA SANTIDAD AMIGABLE Y CERCANA

Que inspirador resulta tener estos tres testimonios de Juan, Enrique y Miguel. Ellos nos han mostrado una santidad cercana, que nos demuestra que es posible seguir al Señor en lo cotidiano, en una conversión creciente, en una evolución personal constante.

Con Juan, así lo comentábamos quienes hemos tenido la suerte de trabajar en torno de su afecto, hemos vivido un largo tiempo de humanización en nuestras personas, un tiempo hermoso de misión en que nos animaba a dar testimonios personales y organizacionales, y nos atrevemos a decirlo que nos regaló una larga terapia sobre nuestros temores, inseguridades, , angustias temporales y debilidades permanentes. Juan nos acompañó a fortalecer el sentido de nuestra vida.

Un santo lejano, no sirve. La santidad necesariamente tiene afluentes para alimentar la vida propia y la de otros: Miguel con su lápiz y mensajes profundos, Enrique con su opción radical por los pobres, Juan integrando la fe con la vida humana. Todos unidos por la misma mirada desde el Cristo hacia las personas.

No fueron santos solitarios, nos enseñaron a creer en la unidad y el hermanamiento, como signo de los cristianos y como deuda que tenemos hacia los otros.

Juan nos mostró que la santidad es posible en gestos simples. Con mucho cariño recordamos algunas experiencias vividas junto a Juan:

- Micaela llevas una. Cuando se molestaba por algo, no lo demostraba con espanto… simplemente hacía un comentario: “Micaela llevas una”… eso bastaba para saber que el error cometido era grave.

- ¿Cómo está? Una vez su respuesta fue: Mal, no sé que me pasa… mejor ni me hubiera levantado (y no era por su enfermedad terminal). Escuchar ese simple reconocimiento, nos daba una profunda enseñanza frente a nuestros propios problemas y latas… ¿si a Juan le pasa?, es entendible que a nosotros también. No jugaba a aparentar, tenía una libertad admirable. Este pequeño gesto de compartir su debilidad, en nosotros creaba fortaleza, nos animaba a asumir los conflictos, a encontrar el sentido de la vida y de los problemas y de cómo el seguimiento de Jesucristo también involucraba estas zonas débiles en  nuestra vida.

- El canalla y el miserable. Estos eran nombres que se daban mutuamente con su gran amigo Alfonso Baeza, lo comentaban a partir de experiencias en algunos paseos y salidas juntos. Eran bromas compartiidas, con una vida compartida.

- Reírse de sí mismo. ¿Cuántas veces nos contaba “sus metidas de pata”? Cuando confundió a una Señora Gorda, por embarazada, por ejemplo.

- Tranquilidad. “Todo es para bien”, nos repetía, al punto que mantenía la calma en los peores momentos. Uno de ellos: tras caerse a la salida de la catedral, se le produjo un gran sangramiento, camino a la clínica (en un taxi que no avanzaba) no dejaba de repetir que era algo simple, pese que no dejaba de sangrar. Cuando terminó el proceso de curación y de trece puntos que le pusieron, nos dijo: Ahora tengo en la cabeza un hermoso asterisco…

- Hice un monito. Compartía sus escritos, nos pedía opiniones sobre sus fichas, libros o power point. Los acompañaba de una frase: “Te adjunto un monito” para que vean si sirve… el “monito” era una diagrama que sintetizaba un libro entero y que lo ponía en “simple” a sus lectores.

- Porfiada confianza. Cuando teníamos que resolver algo, sobre alguien… siempre era un defensor del analizado, nos pedía revisar los procedimientos, conversar nuevamente, estudiar otros factores.

- Crédito para el laico. La iglesia sin laicos, no es iglesia –nos repetía- y lo demostraba. Armaba equipos, formaba obras, articulaba obras. Al final de su periodo la Vicaría para la Educación era un “holding” de servicios: Sepec, Belén, Corporación Educacional, Otic-Alianza… cuatro servicios claves de la Iglesia, todos en manos de laicos.

- Que tu organización no engorde. Era una frase que nos repetía, para mantener el espíritu que le puso al crearlo: servir a los pobres y no servirse de ellos para sacar beneficios personales.

- Jesús no está pintado. Era una de sus frases que compartía cuando quería expresar que este Señor de las catedrales y pinturas hermosas, era un signo de la enorme grandeza del Señor que decidió compartir la vida humana, que bajó de esas pinturas y que hoy es capaz de ser presencia y ayuda para dar sentido a nuestra vida.

- Estamos listo para la foto: eso nos dijo dos días antes de morir al preguntarle  cómo estaba. ¿Qué quieres decir con eso? –le dijimos- “nada, es que el día está tan bonito con esta lluvia”… una más de las tuyas Juan.

Al mirar esta antigua foto y fijarse en ese triángulo santo entre Miguel, Juan y Enrique uno no puede dejar de recordar la fuerza de sus miradas, la energía de sus acciones, la perseverancia por el rescate de lo humano en la vida de la gente. Esa es la sencillez de la santidad de una Iglesia servidora de las personas, que trabaja por el desarrollo de las personas en la diversidad de sus acciones, es el Dios que la sacristía le queda chica y se hace cultura, se inserta en las organizaciones, se hace broma, juego, reflexión, análisis de la vida, búsqueda de sentido.

Al mirar esta foto no podemos dejar de recordar a un Juan de Castro soñador,  capaz de emprender en su tercera edad, una experiencia de noviciado en Avila;  capaz de crear fundaciones e instituciones que algunos veían inviables; capaz de asumir el dolor en silencio, animado por la fuerza del Espíritu en su espíritu.

Juan siempre vio lo que muchos no veíamos, en los años oscuros siempre imaginó un mejor horizonte para Chile, siempre insistía que el futuro tiene mucho de Dios, por eso en la hora de su nacimiento final fue capaz de repetir  "Lo que viene en mi vida es algo muy hermoso" …

Finalmente Jesucristo le ha dado el mismo regalo que a los apóstoles contado en el evangelio: tras el cansancio de la larga jornada de pesca, lo espera a la orilla de la playa con fuego encendido, con panes calientitos  y con peces asados acogiendo a este hermano que nos entregó tanto y que nos hizo amigable y cercana la santidad a la que estamos llamados.

Ofrecemos este pequeño testimonial como un agradecimiento a Juan de Castro, co-fundador jun to a Miguel Ortega de Otic- Alianza, un servicio para la educación y la empresa surgido el año 1999 desde la Vicaría para la Educación, como un signo del amor de Juan hacia la dignidad de la persona, especialmente los más pobres y desprovistos de nuestra sociedad.

Directorio y Equipo de Otic Alianza. Pascua de Juan de Castro, Junio 2007




 
 
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